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Houellebecq después de él mismo

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La última obra de Michel Houellebecq “El mapa y el territorio” galardonada con el premio Goucurt de la academia francesa de las letras, por fuera de lo que se pudiera creer no es un gran libro. No hay una honra hacia la literatura. Como tampoco un nuevo paradigma a perseguirse, tampoco como en las pasadas obras del mismo autor nos regala una visión apocalíptica y desencantada del mundo. No parece a decir verdad, que estemos frente al mismo Houellebecq de “Las partículas elementales” y “Plataforma” aunque eso si, no podríamos negarle que sigue escribiendo dentro de sus obsesiones; entre muchas, una muy clara: el futuro.

Jed Martin un artista, es el personaje principal de la novela. Como todo artista busca, como todo artista aprecia su soledad, como todo personaje de Houellebecq dista de ser un ser gregario u optimista; sin embargo, Martin no es un hombre trágico. Encuentra la tragedia a lo largo de la novela, obra de las circunstancias, obra de los ciclos a los que inexorablemente debemos enfrentarnos. La muerte, el abandono, el cambio de las relaciones entre los seres humanos de acuerdo al tiempo histórico en el que vivimos, de acuerdo al fin de formas de producción que han definido las maneras en las que la sociedad se ha establecido; esos no son problemas creados, son problemas existentes que nosotros la mayoría de las veces olvidamos o queremos olvidar. Houellebecq tiene una gran memoria pero sobre todo una visión particular del mundo, de la historia del arte. Martin, puede ser todo, menos un improvisado, es un artista y de mucho éxito.

Michel Houellebecq es considerado el ultimo “enfant terrible” de las letras francesas. Ha sido amenazado por grupos extremistas islámicos por las severas criticas que éste les ha lanzado; parece que no fue muy bien recibido por la comunidad musulmana el hecho de que Houellebecq declarará que “el islam es una religión para monos, increíble que alguien pueda creer en ella…”, y en si, es un intelectual de mucho peso. Y es también un personaje de si mismo. En el mapa y el territorio interviene. Como una conjetura, como la representación de una figura con éxito, como un hombre que no es feliz pero que lo intenta. Como alguien que es, pero que sirve perfectamente el aliento literario para darle forma a una novela que sólo al terminar se sale de su ámbito artístico para tornarse policial. O sea que no es Houellebecq un personaje de si mismo, pero demuestra que si lo fuera actuaría como uno y por cierto, uno muy clásico.

Entonces tenemos a dos personajes clave: Jed Martin y Michel Houellebecq. El primero sin grandes obcecaciones, el segundo encuentra la obra de Martin, que es descrita a lo largo de la novela de una manera formal, para perseguir un fin dentro de la trama. Como siempre parece que Houellebecq intenta demostrar algo siempre que escribe. Es un escritor con segundas intenciones. Sin embargo, a diferencia de sus anteriores obras, en ésta, esa insinuación se ve borrada por un ejercicio estilístico que de sobremanera decanta el texto, volviéndolo accesible sin ser entreguista. Lo vuelve abordable, cuando no, es el mismo texto quien nos roba.

(PDF) Bibliografía selecta por parte de la Biblioteca Nacional de Francia

No es su contundencia, precisamente, la marca de Houellebecq, sino es la persecución de un sentido de la vida, sin un fin y con otro más loable: edificar la esteticidad de una obra ficticia que deja de serlo pues describiéndola, descubrimos que sería interesante no conocerla porque sabemos que no hay una realidad para ella, si, imaginarla. En ese punto es donde los coletazos de literatura y ciencia ficción se muestran. Un personaje por aquí retratado desde la más absoluta de las posmodernidades, después de los cambios y las formas tradicionales, porque estas formas simplemente han dejado de existir.

Martin se vuelve famoso haciendo retratos de los nuevos oficios; uno de ellos retrata a Bill Gates y Steve Jobs discutiendo el futuro de la informática. Los especialistas voltean ipso facto, comienzan a hacer cotizar la obra. Jed no sólo descubrirá el amor sino el benéfico mercado del arte que lo convierte en una figura de primer nivel, experimentará el cambio del mundo sin metáforas, como lo hará Houellebecq y con ellos la novela que da un giro catastrófico que en algún momento la harían parecer más que un homenaje a la novela policíaca, un fanzine que se burla del melodrama policiaco. Cierta ironía permanece, un raro olor constante: no tiene porque haber grandes desenlaces en las pesquisas que se desatan en la novela, todo resulta ser evidente, simplemente una consecuencia de lo que no podemos evitar dejar de ser: hombres.

Rober Díaz, 2001

P.D.: Hay cierta similitud, y no se a ciencia cierta cuál sea, entre este libro y el retrato de Dorian Gray, de alguna manera Wilde me parece muy francés y Houellebecq un egomaníaco; hay un par de retratos que envejecen, una investigación y una búsqueda espiritual de la belleza.

Written by Charro Negro

August 6, 2012 at 6:54 am

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One Response

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  1. […] mismo, pero demuestra que si lo fuera actuaría como uno y por cierto, uno muy clásico. . Link: https://libertymoderna.wordpress.com/2012/08/06/houellebecq-despues-de-el-mismo/ […]


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